domingo, noviembre 19, 2006

Sueños de cuatros estaciones, en prosa de versos.

(Algo que escribi de chico, la primavera y el verano algun dia llegaran.....)


Tormenta de otoño:

La tormenta se vislumbra, en la oscuridad de la tarde los árboles se estremecen en la natural caída de sus hojas al suelo.
Risueño se hace el aullido de un lobo blanco, de celeste muerte el color de sus ojos tan profundos como la agonía de la parca yaciente en nieves del infierno.
La luna congelada y fría se cubre de obscuras nubes de tormenta, dejando en la dulce espera al cuervo que muere por volver a verla.
El viento a empezado a soplar, soplando cada vez mas fuerte haciendo revolotear en suaves remolinos aquellas pequeñas hojas inertes hojas muertas de los legendarios y petrificados árboles de antaño tiempo que alguien debió de haber dejado ahí.
Chispean las primeras gotas, en su líneas dejan la estela tangencial que unen al cielo de la tierra, apenas humedecen a la misma formando los primeros charcos dilatándola en fangos blandos de barro materia de la creación, la lluvia estrepitosa ya se ha vuelto habiéndose formándose una cortina que desde el cielo caiga como llanto de lamento de un dios pagano, moviendo a los árboles de tenebrosa altura, en la dirección del fuerte viento, sonando entre sus ramas crispantes el chirrido ensordecedor ocupando los huecos, que sus brazos desnudos han dejado a la intemperie, siguiendo con la lluvia, sobre el suelo ha marcado ya sus cursos en la ladera de este bosque empinado alimentando las raíces de toda esta plantación donde entre arbustos y algún tronco caído, se encuentra, el lobo aquel, que a la soledad le aullaba, tratando de esperar de la mejor manera posible que el diluvio termine.
Seguía la tormenta agitando de sobremanera a los árboles, refugio de muchas especies, en especial del cuervo, quien sentía culpa ajena y un vacío enorme por entender que durante esta noche no podría contemplar a su amada luna.
La cortina de agua amenazaba como un gran monstruo disfrazado de relámpagos y rayos de tifones bíblicos, desmenuzándose su vigor en la fuerza de la cortina del agua, dejando un sutil frío viento, apenas una llovizna caía chapoteando en el barro alivianándose en una suave llovizna de otoño, los primeros huecos ya se hacían en el cielo presente, dejando cruzar los primeros rayos de sol de la mañana, y con ellos la vida del bosque se formaba de nuevo, cantaban revoloteantes los primeros pájaros, se volvía el lobo a su morada igual que el triste cuervo, caían en los charcos de agua los rayos de sol, sufriendo la amalgama con las últimas gotas del aguacero dando el lugar así, a una de las mas divina de las creaciones que la naturaleza puede brindar, una suave expresión del arte reflejado en un semicírculo, forma de arco, de siete colores.


Noche de invierno:

Pintado el bosque de blanca escarcha, mostraba el árido paisaje de la época, solitario como las dunas del desierto y frío como los glaciares del ártico, la niebla iba creciendo de a poco, cubriendo los secos árboles, desnudos por el otoño pasado, la niebla espesándose mas y mas, en el horizonte la caída del sol parecía no tener solución dejándolo al bosque en la blanca luz de su diurna reemplazante para que contemple el juego de los depredadores en su suave contienda donde se baten en el destino del que es mas fuerte es quien gana en esta soledad, por seguir una noche mas.
Una soledad que parecería no ser molestad, hasta verse interrumpida por el pisotear, entre el ramerío de un gato perdido, en la búsqueda de alimento antes de que asome el día para seguir en su ruta hasta su verdadero hogar, también una laucha aparecía en esta contienda, ella huía cobardemente entre los recovecos del bosque, de su tan temido y odiado cazador desmenuzándose entre troncos caídos por el viento o simplemente los restos de las campañas taladoras de los hombres que hacen leña para abrigarse en el invierno.
El felino seguía olfateando el rastro de la laucha, mientras desde las alturas era ella quien tenia en su mente el mapa de la situación, era ella la dueña de todo era ella quien conociera al bosque mas que cualquier otra especie de aquí, aquella lechuza, compañera y hermana del astro mas hermoso que pudiese iluminar esta noche, ella siempre sola, esperando con su aspereza de viuda en los árboles, observando, en lugar de privilegio como nadie mas, a la espera de su cena, cuando de repente se dio cuenta del nuevo habitante, en su torpe rutina, el era un gato de pelo largo grisáceo de ojos marcados a fuego verdes como la hierba de primavera acostumbrado a la buena vida, que por la consecuencia del celo animal se fue de su hogar en búsqueda de su hembra, pero fue tan poca la perspectiva del mundo real la que tenia, que cuando mas quiso entender que era lo que pasaba, fue que mas adentro del bosque había persignado en su tonto celo, ahora guiado por su instinto heredado de los grandes felinos de grande selvas, era que seguía, en búsqueda de su alimento.
Ella graciosamente le observaba al gato, con picaresca picardía se compadecía de el, sintiendo un poco de pena, en los tropiezos y sustos que este estaba teniendo en su plena adaptación.
La luna iluminaba formando huecos entre la neblina con la sombra que las ramas desnudas proponían a este paisaje soplando en períodos breves sutiles brisas, quebrando al silencio con el silbido entre las ramas mas finas, haciéndose tan abrumadora la soledad, que hasta podría reventar a cualquier alma que sufriera en lamentos por algún desconsuelo de vida.
Inoportunos los minutos parecían alentarse, haciendo cada vez mas larga a la noche, cuando siente el gato el ruin paso de su presa, el roedor pasaba por ese lugar, y el felino sigiloso lo comenzó a seguir, la lechuza se percato de ese intento del roedor de escapar, pero decidió darle la el primer intento al nuevo habitante de este bosque, este seguía la presa, la observaba de lejos, como se movía, para donde se dirigía, como se portaba, la laucha se escondía trataba de escapar, siguiendo la vieja dicha de los recovecos y escondites de por allí, la compañera del astro celeste observaba al felino, como se iba cansando de tantos saltos que estaba dando en vano además de la correteadas en vano, que su presa en su experiencia en el escape le guiaba, quiso en vano, el gato dar su golpe de gracia, su mortal agarre a la pequeña presa, antes de sin aire quedarse por su falta de estado cuando chocándose un tronco de frente se quedo sin penas ni glorias sin otra opción de contemplar a la vieja lechuza del bosque como, abriendo sus alas de par en par, dejándose caer y sus garras hacia delante calculada la distancia donde un chillido de laucha se hizo fuerte en cuanto a la fuerza con que las garras de la antigua criatura le apreso volviendo con el mismo impulso, hacia su nido, pronta ya a disfrutar de su cena.
El gato observo, contemplo, además de aprender, de cómo es que se vivía aquí, en estos lugares, echándose a dormir esperando a la mañana, al fin de volver a su hogar.

1 comentario:

Anónimo dijo...

ATREVIDOS POR COSTUMBRE ensaya en Darwin y Honduras, a una cuadra de Honduras y Juan B. Justo, los jueves alrededor de las 21:00 y hasta "que las velas no ardan"...
Si vas a andar por ahí y te copa la Murga, podés acercarte cuando gustes. El sonido de nuestros bombos con platillos te guiarán en tu camino...